¿Qué es ser un artista en serio?

¿Qué es ser un artista en serio?

ARTISTA es la persona dotada de las cualidades necesarias para el cultivo de un arte bello, que ejercita de forma única y fuera de todo común denominador de sus contemporáneos dentro de la misma especialidad elegida. Es una persona que sacrificará su vida con alegría en pos de una meta y destinos prefijados, donando  sus tiempos a ello y relegando y postergando otras actividades más superfluas para realizarlas cuando haya alcanzado sus propósitos, aún cuando se den casos poco comunes, que el artista pueda ser múltiple y eficiente en varias actividades al unísono.

Muchas veces hemos oído con asombro cuando un niño o un joven dice, por ejemplo: “quiero ser músico”; “quiero ser plástico”, y lo dice porque siente verdadera vocación, y su entorno familiar o social le contesta: eso no tiene futuro; te vas a morir de hambre; es cosa de vagos; prueba con otra cosa que te de buen dinero… ¡Qué error y qué horror!

Error: porque nadie debería interferir en los asuntos vocacionales de los demás, ya que eso nace del alma de cada quien y deberíamos de ser muy respetuosos de los derechos ajenos.

No discutimos que, frente a edades tempranas o muy jóvenes “sí “ deberíamos “orientar”;  ayudar a buscar mejores profesionales y sitios donde se pueda desarrollar plenamente esa vocación artística; y apoyar moral y económicamente con todos los medios a nuestro alcance y de corazón, para que esa vocación se desarrolle con plenitud y rinda sus mejores frutos.

Horror: porque es una equivocada y tendenciosa mentira lo que se afirma tan libremente, pues deberían saber y grabarse muy bien quienes afirman esas cosas que:

a)      Ciertamente pueden ocurrir cosas de las que afirman, “siempre y cuando” el aspirante a artista solo sea mediocre o uno más en ese grupo, y

b)      No tenga el respaldo, apoyo y paciencia de su entorno.

Para triunfar en el mundo artístico: ya sea en la música, la pintura o cualquier otra rama de la cultura en general; cada uno de esos futuros artistas debe tener en cuenta que, para ello, deberá poseer estas cualidades:

1)      Ser grande en lo que haga.

2)      Ser importante en lo que haga.

3)      Ser  talentoso.

4)      Tener genialidad predispuesta para la cosa.

Definamos pues todo esto a nuestro juicio.

GRANDE: porque deberá exceder a lo común y regular; en tamaño y magnitud.

IMPORTANTE: Porque deberá ser interesante; conveniente; atrayente y de mucha entidad; teniendo suma calidad y consecuencia.

TALENTOSO: Pues debería poseer dones naturales o sobrenaturales con los que Dios lo haya enriquecido y que lo hagan resplandecer en lo que hace.

GENIALIDAD: Tener esa disposición para crear o recrear, tan especial y única, que solo la poseen quienes tienen un alma esencialmente sensible, noble y súper  delicada, que lo acerque a lo divino.

Aparte de lo expuesto, debemos analizar otras características que son vitales y fundamentales:

1)      DISPOSICIÓN: diaria, habitual y rutinaria a lo que nos hemos propuesto; tanto horaria (la máxima posible), como mental y física (ídem).

2)      TRABAJO: minucioso; de laboratorio, donde cada minuto invertido sea de máximo provecho.

3)      CONSTANCIA: como la gota de agua que al final horada la piedra.

4)      LUCHA Y CARÁCTER: no bajar nunca los brazos, pues el éxito llegará con un 98% de transpiración y un 2% de satisfacción. No olvidemos que puede ser relativamente accesible llegar a la cumbre; lo difícil es mantenerse en ella largo tiempo y dignamente como corresponde.

5)      TIEMPO: el que más podamos invertir, pero siempre con la mayor “calidad”, no solo “cantidad”. Más vale poco y bueno, y no mucho y malo.

6)      POSTURA CORPORAL: en casos de músicos, bailarines y cantantes, no olvidar que son figuras expuestas en un escenario y que sus cuerpos son el centro de centenares de miradas escudriñadoras; críticas; juzgadoras y maliciosas, que muchas veces tienen “prejuicios” infundados, o a veces no tanto…

7)      SE DEBE A SU PÚBLICO: La chabacanería no debe existir jamás, ni con el vestuario y menos con la forma de ser, actuar y presentarse al público. El mal gusto; lo ordinario y la vulgaridad son situaciones en las cuales jamás debe caer quien se precie de ARTISTA. La ética y la estética son tarjetas de presentación.

8)      LUCHAR POR SU LUGAR: El ambiente artístico es duro; insensible; cruel; arrollador; descarnado; celoso; envidioso, y es terriblemente impenetrable cuando “no se tiene excelencia y clase y no se es único”. Por eso debemos crear artistas de primera clase y no permitirnos el lujo de mantener solo el amateurismo que tiene vida corta e insulsa; sin mayores logros  y frutos, y con menos clase, categoría y conocimientos serios y profundos de aquellos que realmente dedican su vida y esfuerzos diarios en pro de las cosas bien hechas; bellas; con estudios  serios y profundos y con calidad suprema como deben ser las cosas bien hechas. El conformismo es chatura mental personal y social; es mediocridad insana;  es vulgaridad y barato; es el “querer” sin “poder” acceder al “sumun” de lo que se desea porque hay carencias y falencias de todo tipo en quienes lo practican y padecen; todo debido a la pereza personal en el accionar; a la ignorancia; a la poca o escasa posibilidad de conectarse con los medios debidos y correctos,  por situaciones personales y/o sociales-económicas que limitan, pero que no debería ser ni opacar lo que de verdad debe llamarse “cultura y arte en serio”.

La grandeza de un artista se revela por medio de actos, de obras, de personalidad. No olvidemos que la obra emociona solo a una pequeña minoría; pero para la posteridad sucede al revés, porque la obra tiene tiempo para esperar.

Un artista no es casi nunca grande si no se adelanta a su época y presiente el porvenir, pues a la posteridad le resulta difícil proclamar como grande lo que no ha subsistido y se ha hecho bien; porque ello tiene de común con muchos actos, el haber nacido del espíritu.

En un gran artista su acción es lenta; menos visible; raras veces se sentirá sostenido en su marcha creciente por sus contemporáneos; pero su espíritu tiene un gran poder, y a su conjuro nacen las grandes obras. Del artista se exige una especie de renunciamiento en precio de su suprema libertad; y todo lo que crea o re-crea tiene la esencia de lo etéreo, lo divino.

Sin embargo, la chispa divina sola no es suficiente. Únicamente la parte humana propia de la acción y de la obra del genio-artista decide si hay en éste, grandeza. El problema queda resuelto en el momento en que el genio y el carácter se encuentran. No ha habido jamás grandes artistas dotados de pequeños caracteres.

Lo que distingue a los “Grandes” de los demás, no es la proporción sino la mayor cantidad de bien o de mal: son superiores al grueso de los hombres no solamente por la energía, la pasión; la amplitud de espíritu; sino también por su orgullo, sus odios y sus exigencias.

La avaricia en el sentido propio y en el figurado le es extraña a la grandeza; es precisamente el deseo de prodigarse el que conduce a la mayoría de las grandes cosas. No existe un gran artista avaro de su don y económico de su capital interior cuando se consagra a su arte. Le seduce la imagen de la perfección o le estimulan los grandes ejemplos de sus predecesores culturales.

El amor a la belleza ha sido la fuente de mucha mayor cantidad de obras maestras, que de inventos útiles a los hombres. El gran artista es el que conoce la dicha de la exaltación extrema de los afectos y pasiones. La soledad de su situación llena sus pulmones como el aire de las montañas que penetra en los pulmones del águila; frecuentemente siente que es superior a los demás hombres, y que por lo tanto está un poco más cerca de la divinidad. Vive en un mundo de ilusiones e ideales, pero cuanto más grande es, menos conciencia tiene de ser un superhombre. Sabe por confirmación propia cuán raros son los contactos con lo divino, y que por algunos segundos de iluminación hay años de elaboración.

Aún con todo ¿Es la grandeza siempre modesta?

Beethoven, que tenía tanta sensación de su valor como Napoleón; era sumamente modesto cuando hablaba de Mozart y Haendel, pero; se arrodillaba ante la divina naturaleza! También Jesús, el más modesto de los profetas; tuvo momentos en que la sensación de su valor personal le permitió pronunciar palabras que son órdenes contundentes.

El arte y la modestia son difíciles de congeniar.

El artista huye hacia la soledad; la libertad de la naturaleza, para encontrarse a sí mismo con su obra y quehaceres artísticos del diario vivir. Quiere oyentes y observadores; busca el reconocimiento del mundo a la vez que oye el sabio consejo que le murmura: “compárate y conoce quién eres”.

Llega a desear dejar de ser concepto para convertirse en factor; quiere tener la belleza y las formas y los colores del mundo y tiene además el presente, y aspira a conquistarlos; se arriesga a desarrollar solitariamente su personalidad, y al igual que el aventurero tiene con él cosas en común: son apolíticos, pero reclaman cultura; y ambos saben afrontar su destino; pero cuando mueren, el artista deja su huella y su obra; el aventurero su fama e hijos diseminados. En ambos arde la voluntad de vivir su vida; de trascender; son egocéntricos; pero sólo el artista está sometido a su propio control, y lo hace delante de Dios, su verdadera y única fuente de luz y de vida.

Jorge Lapenne


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